Coltura, color más pintura o también "la cultura de pintar". Uno de los primeros proyectos de identidad que hicimos en PAZ junto la gran y única Romina Alterman, en aquel entonces parte del estudio.
Una pinturería de Colonia Caroya estaba interesada en lanzar su propia línea de pinturas de fabricación propia. Nosotros no sabíamos absolutamente nada del tema. 
Además de empezar a familiarizarnos con el producto y la categoría en cuestiones técnicas, salimos a recorrer pinturerías y a fotografiar todos los envases que encontrábamos, tanto de pinturas como de productos complementarios. 
De golpe teníamos noción de lo que significaba esta categoría que no parece pero es inmensa, y llegamos a la conclusión de que la única forma de sobresalir en la situación de "góndola", era reduciendo los elementos de identidad al mínimo.
Nuestro producto no tenía un diferencial trascendental y podemos decir que las decisiones que tomamos fueron casi en su totalidad, por cuestiones estratégicas.
Aquella primera presentación de Coltura, junto a otra propuesta, un poco más "normal" en la categoría, con dos "mockups" reales en la misma pinturería, comprobando esa premisa que teníamos en mente.
Una lata blanca y limpia se prendía como si tuviera luz propia. Todo lo demás se empataba con el resto de las marcas, donde el 3D llegó mucho antes que a cualquier otra categoría, y los renders de casas, colores , efectos y cientos de palabras con tipografías mezcladas tomaban el protagonismo.
Coltura parecía un capricho pero tenía toda la lógica y por suerte, algo que no es para nada menor, era evidente.
Hasta acá, Coltura era totalmente blanca, con una tipografía Serif de logotipo y nada más. No creo que se pregunten cómo surgieron las fajas de colores que forman un papel clave en el pack. Pero lo vamos a explicar igual porque para nosotros son geniales.
Estas fajas de color plena no representan el color de la pintura. Si alguna vez pintaron un departamento para devolverlo a la inmobiliaria o por el motivo que sea, compraron pintura de 20 litros, sabrán que los colores van con códigos o se arman con tonalizadores externos. Por lo tanto hacer que la lata tenga el color de la pintura que va adentro es prácticamente imposible.
Sin embargo estas fajas cumplen un papel clave que es la identificación del producto en el local por parte del personal. La etiqueta totalmente blanca hacía muy difícil la tarea de reconocer el producto en cuestión, y esto se traduce en tiempo, el tiempo en plata y al margen de esto, estábamos generando un problema y no una solución.
Los colores representan el tipo de producto, al punto que el celeste es el látex interior, el verde el cielorasos, el amarillo el impermeabilizante y así, dejando un sistema abierto para posibles nuevos productos. De hecho, el impermeabilizante para techos salió a la venta un par de años después.
El dorso del pack se completó con muchísima data técnica y una línea de ayuda explicativa con el color del producto para poder identificar los dorsos también.
Este proyecto fue una muestra de cómo empezábamos a utilizar nuestra forma de pensar publicitaria en el diseño de marcas. Para nosotros el diseño era (y lo es) una consecuencia del concepto, de la idea y de la estrategia, y eso es algo que esta muy tangible en nuestros proyectos. Cabe aclarar que allá por el 2012, el planing era la novedad y eso explica un poco todo lo anterior.

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